Preguntas para conocer chicas 31283

Quien nació de Virgen, Rey del Universo, por salvar al mundo dio su Sangre en precio. Se entregó a nosotros, se nos dio naciendo de una casta Virgen; y, acabado el tiempo, tras haber sembrado la Palabra al pueblo, coronó su obra con prodigio excelso. Adorad postrados este Sacramento, cesa el viejo rito, se establece el nuevo; dudan los sentidos y el entendimiento; que la fe los supla con asentimiento. Himnos de alabanza, bendición y obsequio; por igual la gloria y el poder y el reino al eterno Padre con el Hijo eterno, y al divino Espíritu que procede de ellos. Acción de gracias al despertar Señor mío y Dios mío, te doy gracias por haberme creado, hecho cristiano y conservado la vida.

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Semejante vez ya nos toque En el hombro la mano que llama A la barca que no viene estrella vacía; Y que en el mismo haz Ata lo que fuimos mutuamente Y la ajena suma universal de la vida. Te quiero a las diez de la mañana, de Jaime Sabines Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Tu vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño. Todos los días te quiero y te odio irremediablemente.

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El ultimo petalo de la esperanza espaciado al viento de la fria confusión Flor de media noche, sola…. El soplo de un recuerdo renace entre los muertos y se pueblan de cuentos las lluvias de octubre. Se mezclan rocas y polvo y germinan pócimas de flores. Vientos secos huracanan la mañana alegrías espantadas se pintan la boca y van los sueños aplaudiendo ramas. El café tiñe su trayecto desde la puerta hasta la gloria y llueven tazas saqueadas en el jardín del silencio. Carlos Federico García Quevedo Un cambio incluyente… La Patria inicia en historia y en casa busca su plenitud, en las tierras de sus hijos santos y los esclavos de la ingratitud.

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En la noche del corazón la lágrima de tu nombre lento en silencio circula y cae y rompe y desarrolla su agua. Algo quiere su leve daño y su estima infinita y corta, como el paso de un ser perdido de pronto oreja. De pronto, de pronto escuchado y repartido en el corazón con triste insistencia y aumento como un alucinación frío de otoño. Sus copas duras cubren tu alma derramada en la tierra fría con sus pobres chispas azules volando en la voz de la lluvia.

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